Canadá y la deuda indígena

Ottawa, 5 dic (Prensa Latina) Cuando el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, llegó al poder en 2015 se comprometió a compensar a las víctimas de un antiguo sistema educativo que intentó eliminar la cultura aborigen, aunque para algunos eso aún no se cumple.

Trudeau sentó un precedente al acoger la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.

Stephen Harper, su antecesor, la había rechazado en 2007; pero en opinión de expertos aceptar la declaración, en todo caso, no ha supuesto aplicar las medidas que recomienda.

De acuerdo con el antropólogo canadiense Ronald Niezen, un ejemplo claro de la escasa sensibilidad del mandatario hacia los pueblos indios es la decisión de expandir el oleoducto TransMountain, desde Alberta a la costa en la Columbia Británica, a pesar de su fuerte oposición.

Los indios critican que la infraestructura cruza territorios sagrados y es un serio atentado ecológico.

En las pasadas elecciones de octubre, las comunidades indígenas se desmarcaron de Trudeau reprochándole que no había cumplido sus promesas.

Mientras él se expresaba en los medios a favor de estas comunidades, su gabinete aprobaba una ley que amenazaba las reservas.

A la pregunta de cómo es la relación entre el Gobierno y los indios, Niezen manifiesta que ‘sigue igual, nada ha cambiado’.

‘La idea de que los pueblos originarios de Canadá se integrarán en la sociedad podría parecer bonita, pero no se tuvo en cuenta que existen unas barreras raciales que nunca les permitirán ser blancos’, asegura.

Mientras tanto, los indígenas siguen siendo los grandes olvidados en la sociedad canadiense; los servicios que reciben, la tasa de desempleo, la cobertura médica; en las comunidades indígenas todos los barómetros de calidad de vida son más bajos que la media nacional.

Para el citado experto cada día está más lejos todo lo sufrido por esas comunidades hace poco más de 100 años.

Unos 150 mil niños indígenas pasaron por los ‘internados indios’ canadienses entre 1880 y 1996, escuelas de asimilación para sacarles ‘el indio que tenían adentro’ mientras sufrían maltratos y agresiones sexuales.

Unos seis mil menores murieron en estos internados, varios por malnutrición.

Al final del siglo XIX la sociedad canadiense veía que los indígenas tenían que integrarse en el proyecto de Estado que se estaba consolidando.

Por esto, el Estado, en colaboración con varias iglesias cristianas, inició el proyecto de los internados para niños de los pueblos inuit, First Nations y Métis; la idea era integrarlos a través de la educación.

Sin embargo, estos internados gozaban de impunidad al no ser vigilados por ningún organismo público.

Muchos de ellos se convirtieron en auténticos centros de abuso, tanto psicológico como físico e incluso sexual, según historiadores.

tgj/rrj

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