EL NO EN EL PLEBISCITO POR LA PAZ: Colombia y la ciudadanía boba

Andrea Mach Sterling[1]

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Foto/Referencial

El NO ha triunfado en el plebiscito por la paz en Colombia. Este instrumento  surgió como obsesión del presidente Juan Manuel  Santos por derrotar políticamente a Uribe y su fracción económico política, vano error, ya su elección como presidente había sido un refendum por la paz,  su miedo visceral a Uribe y todo lo que significa como factor de poder[2] lo llevó al torpe ejercicio de dispararse en el propio pie.

Pero cuál es el trasfondo de la contradicción entre Santos y Uribe?, es real la afirmación de un sector de la izquierda Colombiana que afirma que Santos y Uribe son los mismo, así, se trataría solo de la disputa entre dos asesinos que no se ponen de acuerdo entre sí asesinar a su víctima con un hacha o con veneno?.

Durante todos estos años su disputa pública llegó a parecer la confrontación de: Por una parte  una fracción burguesa globalizada poseedora de una apuesta agro industrial para el campo Colombiano, lo cual exige la liquidación del latifundio ganadero y su incorporación a la lógica capitalista de acumulación. Por la otra, una derecha ligada a los intereses ganaderos y terratenientes poseedores de 40 millones de hectáreas en condición de improductividad, expresión del gamonalato regional premoderno.

Sin embargo esta contradicción pareció desdibujarse  cuando en el debate de la ley de ZIDRES[3] en el congreso, que entronizaba la vía capitalista para agro colombiano, tanto la bancada Santista como la del Uribismo votaron de manera consensuada su aprobación.

Pero hay un ángulo de contradicción, el Uribismo cuestiona la vía negociada al conflicto armado que traería en los acuerdos el fondo nacional de tierras, el cual crea una expresión de la vía campesina en el usufructo de cerca de 10 millones de hectáreas, unas siete millones como producto de la formalización de la tenencia de los campesinos sin títulos, otras 3 millones de hectáreas como un fondo creado con baldíos del estado y tierras ilícitamente adquiridas por terratenientes o narcotraficantes. El sector social uribista está profundamente implicado con la expropiación violenta y gansteril de tierras, de hecho cualquier revisión de este pasado los involucra directamente, cualquier apertura a un ciclo de verdad y democratización los rastreará como eje del genocidio. Igualmente las relaciones semifeudales del caudillismo regional se pulverizará en la vorágine de la explotación capitalista del agro y la transformación del campesinado en proletariado agrícola, destruyendo el gamonalato eje que sustenta su poder político nacional.

La fracción burguesa del Santismo opta por la coexistencia de modelos, la vía capitalista y la vía campesina, real cartografía de la correlación militar de los intereses disputados en esta guerra. Y lo hace pues reconoce que sin armisticio o paz política no podría desarrollar el modelo de las ZIDRES, cuyo centro es la atracción del capital extrajero a la inversión en los agro negocios, mucho menos cuando desde la última década, el posicionamiento insurgente está fuertemente enraizado en los territorios de la Orinoquía donde estarían las principales explotaciones agro alimentarias.

No podemos leer a la fracción Santista como una expresión poseedora de un proyecto de modernización económica, política y cultural, pues su implicación en el ciclo de saqueo y violencia para-estatal es de la misma magnitud del Uribismo, bastaría ver la socio-metría de los empresarios involucrados en la apropiación ilegal de tierras o en el financiamiento al paramilitarismo, o recordar a Juan Manuel Santos sonriendo eufórico mientras enseñaba el balde donde estaba la mano del comandante de las FARC Iván Ríos, o dirigiendo como ministro de defensa a unas fuerzas militares involucradas en el asesinato de civiles para luego presentarlos como éxitos militares, o afirmando sentirse orgulloso cuando Colombia era señalada como el Israel de Latino América.

Pero el Santismo si es poseedor de una racionalidad pragmática al comprender que la vía militar está agotada como opción estratégica y que el ciclo del saqueo agenciado durante las últimas décadas requiere un ciclo de formalización e incorporación a los procesos “legales” de la economía, es el ciclo de la acumulación originaria que históricamente señala la metodología voraz de matar, saquear y luego formalizar. El Santismo llega igualmente al reconocimiento del imposible de aniquilamiento de los ejércitos guerrilleros, a la euforia del primer período de Santos y sus grandes golpes a la insurgencia, le sucedieron un incremento de acciones ofensivas por parte de las FARC de 30% anual, entre el 2009 y el 2012[4], una confrontación que se incrementaba y amenazaba con bloquear el urgente negocio agro industrial.

El Uribismo como expresión sempiterna del tradicionalismo moral, político y económico de la oligarquía Colombiana se niega a reconocer el límite y agotamiento del modelo de guerra total y para-estatal, acusa torpemente a su contradictor Juan Manuel Santos de haber capitulado ante la insurgencia de la FARC, se niega a leer e interpretar las estadísticas de la confrontación, se viste con una febril fantasía en la que se cree capaz de derrotar el ciclo de levantamiento insurgente, a pesar de que durante 8 años de gobierno y con toda la ayuda norte americana del Plan Colombia no logró la derrota estratégica de las FARC.

Por todo lo anterior, es a nuestro juicio muy ligero y torpe argumentar que es lo mismo el Uribismo que el Santismo, son en esencia proyectos oligárquicos de dominación, pero el período histórico en el que converge la obligatoria reorganización del régimen de acumulación con la resistencia del movimiento social e insurgente, fractura y enfrenta sus vías de solución a la crisis de gobernabilidad y garantía de la acumulación, trayendo como correlato una invaluable opción de espacio político a partir de la solución negociada del conflicto. Un espacio de reformas que exige el apresto y la maniobra de la izquierda armada para entenderlo y canalizarlo hacia un ciclo de reformas que empodere al movimiento popular, que supere la ruralización del conflicto y permita el acercamiento y disputa de los sectores urbanos para incorporarlos a un proyecto democrático sustantivo.

Es en este contexto donde el Uribismo ha logrado bloquear, por ahora, la opción de la solución negociada, sin embargo debemos apreciar que si bien triunfa con su NO a los acuerdos de la Habana, no cuenta con el oxigeno político para invocar la guerra, a su pesar debe proclamar un tipo de paz en la que sí estarían interesados, aunque su modelo de paz es la capitulación y criminalización de la insurgencia, la impunidad absoluta para los crímenes de estado perpetrados por la alianza empresarios, político y militares, así como el bloqueo a la reivindicación campesina lograda en los acuerdos de la Habana.

Cerrar los mínimos de los espacios políticos para la insurgencia es de fondo apostar por la guerra, objetivo que es su verdadera intensión. Desde ya, su franja de votantes bobos por el NO,  se sienten arrinconados y balbucean en todos los espacios cotidianos que ellos no votaron por la guerra, tragicómicos, verdad?.

Aunque parece que la incertidumbre es el ángulo de todo, paradójicamente el  no a la guerra ha emergido como un consenso, incluso el Uribismo se ve forzado a plantearlo. Pero lo único que podría salvar la opción negociada de paz es la búsqueda de una vía política y jurídica alterna, desde un acuerdo de partidos que reivindicando el derecho constitucional a la paz, presente el contenido aprobado en la habana a la legislación del congreso y posterior control constitucional de las cortes, de hecho el plebiscito según la corte solo era vinculante para el presidente, pero los partidos, el congreso y las cortes de control siguen con sus atribuciones intactas; el mismo presidente cuenta con la atribución de manejo del orden público, atribución que ha empleado para mantener la tregua bilateral y cese definitivo de la confrontación.

Estamos en el plano de un armisticio, pero como todo armisticio es bastante frágil sino se configura un espacio que le de salida y avance hacia la paz política integral.  Intentar volver atrás e invocar de las FARC su aceptación de desmovilización a cambio de cárcel y no participación en política de su comandancia, es un despropósito jurídico de cara al derecho internacional a la rebelión y un imposible político en el marco de la correlación militar que el conflicto arroja.

Pero volver a la confrontación abierta es una pesada carga, tanto para el Santismo como para las FARC, después de que ambos explícitamente han valorado y reconocido que la extensión de la confrontación no traerá saldos estratégicos, ambos tienen como apuesta estratégica la solución negociada, para la cual habían llegado a un mínimo, a la mejor solución posible; es claro que después de cuatro años de trabajo, ya no es posible otra mejor solución posible que el acurdo firmado en Cartagena el 26 de Septiembre.

El plebiscito, era una consulta a la opinión ciudadana, pero es la opinión pública ciudadana expresión de democracia?.  Pensamos que no, pues el procedimentalismo de la consulta a la opinión de las masas puede expresar contenidos de fascismo social que avalen prácticas contrarias a la dignidad humana. La corte constitucional así lo entendió cuando no le otorga poder vinculante al plebiscito, dado que la paz como derecho síntesis garantizado y exigido por la constitución Colombiana no puede ser puesta en juego por la parcialidad de la opinión ciudadana.

Una caso ilustrativo en esta dirección ocurrió en Grecia  donde el partido Ziriza consulta a la población si se retira del Euro, el si fue mayoritario, sin embargo el gobierno de Alexis Tsipras, desoyó la decisión popular y se mantuvo en el Euro, lo que significo su sometimiento al paquete de austeridad de la Unión Europea, pero haber acatado el fallo popular hubiese implicado un ciclo de crisis y hambruna de 20 años mientras se instituía una nueva moneda y una base material que le diera soporte a su paridad de intercambio. Sabemos que desde el ideologismo de izquierda Tsiripas ha sido condenado como un traidor, pero un examen racional de los costos humanos con la salida del Euro explica y justifica su decisión.

Volviendo a Colombia, hay mucha vía de maniobra desde un acuerdo nacional para salvar la paz, pero este acuerdo debe ser una síntesis de los programas y opciones contenidos en el acuerdo de la Habana, no una bolsa de gatos con nuevas propuestas y rutas, entonces solo hay dos opciones de acuerdo nacional:

  • Uno para salvar los Acuerdos de la Habana y el tránsito a la paz política, esto de entrada excluye al Uribismo.
  • Otro, como coalición burguesa entre el Santismo y el Uribismo para arrinconar mediáticamente a las FARC para que acepte su sometimiento.

El Santismo siempre tuvo pánico a enfrentar al Uribismo y no era para menos, pero no creemos que esté dispuesto a hacerlo en esta coyuntura, mucho menos con la reconfiguración ascendente de la correlación política del Uribismo a partir del triunfo del NO, todo pareciera prefigurar el surgimiento de un pacto interburgués entre las dos fracciones.

Difícil coyuntura para los diversos factores de poder en la vida nacional, particularmente para las FARC, pero también para la boba y mediocre ciudadanía urbana Colombiana[5]. Todo pareciera que esta ciudadanía presente en las grandes ciudades requiere ser sometida a un intensivo proceso pedagógico que la lleve a valorar la importancia de la paz para su vida y la nación, pero trágicamente la pedagogía vendrá de la expansión de la guerra y su devastación hasta las puertas de sus casas en las grandes ciudades. Con el recrudecimiento de la guerra, tal vez en una década su invocación por la paz será del 100%, o tal vez ya no haya una tercera oportunidad y la guerra con su horror se entronice endémicamente en todos los espacios sociales.

[1] http://cepr.net/other-languages/en-espanol/ 1611 Connecticut Ave., NW. Suite 400. Washington, DC 20009. (202) 293-5380. info@cepr.net

[2] Uribe fuera de ser la expresión de los principales poderes ligados al latifundio Colombiano, poseedores de manera improductiva del 80% de las tierras, representa los sectores industriales (Ardila Lule), y financieros (BBVA), pero además al verdadero eje del poder en Colombia: La Fuerzas Militares, las cuales se configuran como un partido militar cruzado por la ideología de Tradición-Familia y Propiedad con un estado mayor central direccionado desde ACORE, la asociación de los oficiales retirados. Como partido militar no solo está implicado con la acumulación paramilitar y del narco tráfico, sino igualmente con una compleja red de empresas mixtas que liga a la industria militar con el empresariado Colombiano. El Uribismo como expresión material, política y cultural es adicto a la guerra, la tradición y la devastación como oxigeno central de su proceso de acumulación.

[3] Zonas de Interés de Desarrollo Rural. Ley 1776 del 29 de enero de 2016.

[4] Ver estudios en Revista Arcanos para estos períodos del Observatorio de Conflicto en la Corporación Arco Iris.

[5] La ciudadanía rural y de las zonas de mayor intensidad de la guerra votó en apoyo a los acuerdos de la Habana. Los que no viven la guerra directamente le imponen la guerra a quienes la padecen a diario, paradojas democráticas. Increible.

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