Hugo Chávez y el destino de un pueblo

Por Germán Sánchez Otero

Hugo Chávez y el destino de un pueblo
Fidel Castro Y Hugo Chávez en Canaima

Hugo Chávez y el destino de un pueblo es la segunda parte de la biografía del líder bolivariano, escrita por Germán Sánchez, que se completará con una tercer entrega. Abarca desde el 2 de febrero de 199, día en que recibe la banda presidencial, hasta el 2 de febrero de 2003, en que es derrotado el golpe petrolero y la Revolución Bolivariana inicia una fase de acelerado avance.

Estos primeros cuatro años de Revolución –la etapa más importante de su historia-, muestran al rojo vivo el progreso del liderazgo de Chávez y el despliegue de sus virtudes, entre ellas la capacidad política y emocional para emprender los grandes cambios ha ideado, encarar errores, sobreponerse a las vicisitudes y seguir el viaje hacia la conquista de la “patria bonita” y la unión plena de nuestra América.

Cubadebate publica en exclusiva fragmentos del nuevo libro de Germán, quien fuera Embajador de Cuba en la nación bolivariana (1994-2009) y que comparte con nuestros lectores pasajes que revelan la especial relación que unió a Chávez con el líder de la Revolución cubana, Fidel Castro.

libro german sanchez otero hugo chavezHugo Chávez y el destino de un pueblo se presentará el próximo 28 de julio en Venezuela, en ocasión del 62 aniversario del nacimiento del Presidente.

Séptima visita de Fidel Castro a Venezuela

Víspera de arribar Fidel a Caracas, Chávez me pregunta cuántas veces él ha visitado Venezuela. Respondo a vuelo de memoria: la primera es en abril de 1948, tiene veintiún años, va hacia Bogotá y pasa por Caracas a fin de invitar a los líderes universitarios venezolanos a un evento de estudiantes que él promueve por la Federación Estudiantil universitaria (FEU) de Cuba, junto a otras organizaciones homólogas de América Latina.

A solo tres semanas de triunfar la Revolución, entre el 23 y 26 de enero de 1959, viene a agradecer la solidaridad del pueblo venezolano; tiene treinta y dos años, y su visita es un suceso histórico, debido al apoyo que la gente le tributa en todas partes y por sus discursos en la Plaza del Silencio, en la universidad Central y en el Congreso. tres décadas después, en febrero de 1989, llega por tercera vez, en ocasión de ser investido presidente Carlos Andrés Pérez —quien restablece los nexos diplomáticos—, y es la figura extranjera más relevante; permanece cuatro días en Caracas y sostiene encuentros con grupos de dirigentes políticos, religiosos, sociales, empresarios y periodistas.

Dos años después, en 1990, viaja en forma discreta a la pequeña isla La Orchila, por invitación de Carlos Andrés, para dialogar con él y con el presidente español Felipe González, ambos empeñados en tenderle una alfombra a Cuba para restaurar el capitalismo. En noviembre de 1997 participa en la Cumbre Iberoamericana, que se celebra en Margarita, siendo presidente Rafael Caldera. Y la sexta —le digo—, es en febrero de 1999, cuando tú asumes la presidencia…

Él escucha atento y, al final, le expreso una idea que estoy seguro le va a gustar:

—A saber, Venezuela es el país latinoamericano que más veces ha frecuentado tu amigo…

La noticia da en el blanco. Suelta una sonrisa pícara y reacciona al instante:

—No creo que sea casual, vale…

En la soleada tarde del 26 de octubre abraza a Fidel al pie de la escalerilla del avión IL-62, en la rampa presidencial del aeropuerto Simón Bolívar, coloca sus manos en cada hombro del huésped y mira a sus ojos con querencia familiar.

—Al despedirme en el aeropuerto de La Habana la primera vez que visité Cuba, te dije que algún día te recibiría de igual forma, como mereces… —susurra tocado por la pasión de quien cumple una promesa y agrega—: ¡Bienvenido, hermano!

No necesita decir más. Evoca así que en diciembre de 1994, en condiciones muy adversas al salir de la cárcel, Fidel lo atiende igual que a un presidente.

Ya en el salón protocolar del aeropuerto, desaparece unos minutos. Al cabo, sorprende a todos con su nueva vestimenta: ha cambiado el traje de cuello y corbata con el que recibiera al huésped, por el uniforme militar de teniente coronel. ¿Por qué?

una hora antes ha indagado que aquel vendría con el atuendo verde olivo. Resuelve entonces usar el traje formal, que siempre emplea en estas ceremonias, y después ponerse su prenda de campaña para recorrer juntos el estado de Vargas. Mensaje visual fuerte, de doble significado, que desea transmitir a cuatro destinatarios: al pueblo y a los militares venezolanos, a la contrarrevolución y al imperio.

Aunque nunca lo ha revelado en público, desde que sale de la prisión en marzo de 1994 siempre se preocupa por seleccionar la ropa idónea a los fines políticos que persigue. Desde el tradicional liquiliqui llanero —de aire militar—, que usara a menudo en esa primera etapa, o las camisas y jeans comunes —a veces con chalecos tejidos—, hasta los trajes formales para desarrollar determinadas actividades de sus campañas electorales y en ciertos papeles como mandatario; o las camisas de colores enteros y grandes bolsillos de estilo castrense —incluidas las rojas casi siempre coronadas por la boina de paracaidista en los actos populares—, o el uniforme de comandante en actividades militares y variopintas, el mono deportivo con los tres colores de la bandera, o la combinación de una camisa azul y debajo una franela roja…

Selecciona la ropa con un sentido preciso del momento y la circunstancia. Al igual que cuando ejercita la palabra, es un original creador de su imagen personal. Aspecto físico y estilo del verbo son coherentes en su obrar público. Y no deja detalle al azar.

Días que unen más a Venezuela y Cuba

Tampoco descuida el programa de sus invitados. En el caso de Fidel, ha previsto que visite tres estados: Mérida —en los Andes—, Bolívar —por su historia asociada al Libertador y la belleza de La Gran Sabana—, y Lara —en los llanos—. Cuarenta y ocho horas antes todo está ya coordinado. Y ocurre un hecho emocional que lo hace recapacitar: una llamada de su madre, Elena Frías, quien se desconcierta al conocer que Fidel no va a Barinas. “¿Cómo no lo vas a traer para que pruebe el chigüire y las hallacas, mi hijo”, le dice con voz de ruego y Chávez imagina gozoso a Fidel moviéndose junto a él en los surcos de sus raíces. Esto, unido a la distancia entre los estados previstos, hace que opte por concentrar la gira del interior en Barinas, Portuguesa, Lara —los tres, estados llaneros— y un Aló Presidente en el campo de la batalla de Carabobo.

Acompaña a Fidel casi todo el tiempo. En Vargas le muestra estragos del desastre y las obras para restañar las heridas, además de tener un encuentro con los médicos cubanos que laboran allí desde diciembre. Al siguiente sol recorren el Panteón Nacional —y rinden honores a Bolívar—; visitan el cuartel San Carlos —donde Chávez estuvo preso un tiempo—; caminan por las calles de la vieja Caracas hasta la Casa Natal del Libertador; Fidel es declarado Huésped Ilustre de Caracas en la plaza Bolívar y recibe ahí las llaves de la ciudad; e inauguran después la Casa José Martí —en la que el apóstol cubano impartiera clases en 1881—. El pueblo se desborda e inunda todos los sitios por donde ellos pasan. La apoteosis.

En la tarde, Fidel es recibido en la Asamblea Nacional en una sesión solemne, donde pronuncia un discurso lleno de claves. Los diputados de la oposición, que han amenazado días antes con boicotear la presencia del presidente cubano, optan por ausentarse. El orador lamenta que su presencia en el Parlamento haya sido “cultivo de disgustos para algunos de sus miembros”. Y pide excusas.

Afirma: “mucho se ha esgrimido el porfiado argumento de que en Venezuela se pretende introducir el modelo revolucionario de Cuba”. Y evoca las respuestas que él ha debido ofrecer a la prensa venezolana para desmentir tal falsedad, a la que ahora se suma la imputación de que Chávez quiere regalar petróleo a Cuba. Cuba es Cuba y Venezuela es Venezuela. Denuncia que su país no cesa de ser utilizado con fines de política interna por los enemigos de la Revolución Bolivariana y de Chávez, “incuestionable y eminente líder bolivariano, cuya actividad y prestigio rebasan ya ampliamente las fronteras de su Patria”.

Proclama que es su amigo, y siente orgullo de ello: “Admiro su valentía, su honestidad y su visión clara de los problemas del mundo actual, y el papel extraordinario que Venezuela está llamada a desempeñar en la unidad latinoamericana y en la lucha de los países del tercer Mundo”. Esto no lo dice ahora porque Chávez es Presidente de Venezuela: “Adiviné quién era cuando aún estaba en la prisión. Apenas unos meses después de ser liberado, lo invité a Cuba con todos los honores, aun a riesgo de que los que eran dueños del poder rompieran relaciones con Cuba […]”.

Afirma que quienes gobernaron a Venezuela desde 1959 —cuando por primera vez él visitara el Parlamento— crearon las condiciones para que surgiera el actual proceso revolucionario. Considera que tales fuerzas políticas “no volverán jamás a ganar la confianza del pueblo, si la nueva generación de líderes que hoy dirige el país logra aunar fuerzas, estrechar filas y hacer todo lo que esté en sus manos”. Y formula una pregunta definitoria: “¿es posible hacerlo dentro del modelo constitucional y político recién aprobado? Mi respuesta es sí”.

Está seguro que la enorme autoridad política y moral “que emana de lo que la Revolución Bolivariana puede hacer por el pueblo, aplastará políticamente a las fuerzas reaccionarias”. Y completa su previsión: “La cultura y los valores revolucionarios y patrióticos que ello engendraría en el pueblo venezolano, harían imposible el regreso al pasado”.

Al otro día, 28 de octubre, viajan a Barinas. Disfrutan primero un desayuno llanero, en la casa de los padres de Chávez, quien ante la insistencia de su huésped por saber cómo es el chigüire lo dibuja con un bolígrafo sobre una servilleta de papel y responde las diversas preguntas de aquel sobre el cuadrúpedo herbívoro, de tamaño similar a un cerdo, cuya carne es menester secar al sol y salar.

Realizan un recorrido por la zona de desarrollo especial La Marqueseña-Puerto de Nutrias. Chávez va al volante del auto que se desplaza por las estrechas carreteras; Fidel a su lado, de pláceme, observa hasta el vuelo de las mariposas. A menudo detiene la marcha, ante personas que piden hablarle, y el copiloto se convierte en un ayudante que guarda los papelitos con las demandas de campesinos y mujeres llorosas, que cargan niños desnutridos o enfermos.

Así avanzan, el hijo de Sabaneta con la mano derecha en el timón y la otra saludando a cientos de personas que le gritan palabras de afecto y solicitudes diversas de ayuda y él les responde: “¡epa, gordo!”, “¡hola, negra!…”. Después, Fidel comenta que la cabeza se le ha llenado de la gran cantidad de necesidades y de ansias que le transmite la gente a Chávez. A la vez ha reafirmado que todo lo fían en él, con una enorme confianza y esperanza, obligándolo a trabajar lo imposible.

Al terminar el periplo, dice a su amigo:

—Chávez, he visto más sufrimiento, he visto más deseos de ayuda en el pueblo venezolano que los que me encontré en Cuba cuando triunfó la revolución.

Argumenta que Venezuela es un país de 24 millones de personas, más de 900 000 km2 y mayor que el país son los problemas acumulados. Lo comenta en privado con él y lo reitera varias veces en público: ¿Por qué no se organizan?, insinúa. Y acude al ejemplo de Cuba: “[…] nuestro país no habría podido resistir el bloqueo, nuestro país no tendría la convicción de que puede derrotar cualquier agresión, cualquier invasión sin esa participación del pueblo organizado”.

De ahí van a Sabaneta, visitan la casa donde Chávez viviera de niño, recorren partes del pueblo y hablan en un acto popular. Fidel observa todo y pregunta mil detalles. El barinés disfruta de modo especial este reencuentro con su pasado y con su pueblo de siempre, acompañado del líder que en su adolescencia comenzara a admirar.

Se enternece, al verlo entrar agachando la cabeza por la pequeña puerta de su hogar infantil, e imagina a la entrañable abuela Rosa Inés dándole un beso y sonriéndole. “Increíble, este que veo ante mis ojos es Fidel”, se dice, mientras observa caminar al histórico Comandante dentro de su casita de recuerdos.

En la plaza Bolívar de Sabaneta, próximos a la iglesia donde Chávez fuera monaguillo, dialogan con mucha gente que está ahí y ambos improvisan breves discursos. Impresionado por tantas personas humildes que se acercan a Chávez en todas partes para pedirle que solucione sus problemas, Fidel enfatiza que estos se acumularon durante más de doscientos años, que hace falta organización y que los dirigentes locales deben ser los encargados de resolver las dificultades más cotidianas. Y expresa una frase clave, que muchos repiten después: “Chávez no puede ser el alcalde de toda Venezuela…”. también se preocupa por las vulnerabilidades que observa en la seguridad personal del amigo, y hace pública su opinión de que debiera cuidarse más.

Él agradece las opiniones de su invitado y mirándole a los ojos le dice que espera vuelva a Sabaneta en poco tiempo “y ya no veas a los campesinos sin tierra, y ya no veas al muchacho con una hernia que no sabe cuándo se va a operar, ni qué médico lo va a ver y ya no veas los niños sin escuelas, y ya no veas las mujeres sin trabajo, y ya no veas los campesinos sin tierra, sino que veas la Venezuela Bolivariana que estamos comenzando apenas a construir y que veas la revolución triunfante de esta parte hermosa de Suramérica”.

En la tarde viajan a Guanare, estado de Portuguesa, donde sostienen un encuentro con 5 mil campesinos. De ahí se mueven en helicópteros hasta Barquisimeto, estado de Lara, y hablan en un acto en la universidad.

La noche reserva lo mejor… El estadio de la ciudad se repleta para disfrutar el nuevo partido de beisbol entre Venezuela y Cuba. Esta vez no hay travesuras y la novedad es que participan jugadores exprofesionales, pero también varios que no lo son. La sorpresa ocurre casi al final, cuando Chávez sale a pitchear y viene a batear de emergente Fidel, con sus 74 años de entusiasmo. El umpire venezolano, preocupado, le dice a Chávez: “Presidente, no le vaya a lanzar duro, tírele a 20 millas, cuidado con un pelotazo…”. Él, aunque tiene buen control, decide hacer caso al umpire. Entonces Fidel va a hablarle en el box.

—Oye, tira duro, no me vayas a lanzar esas “bombitas” porque me están viendo en Cuba, lanza duro —le dice enfático al amigo.

—¿Y si te doy un pelotazo? —replica Chávez.

—Pues me metes un pelotazo.

Y comienza. Le tira una curva “rabo de cochino” y Fidel intenta tocar, pero sale foul. Hasta que lo pone en tres bolas y dos strikes. Y es cuando viene lo inesperado: un último lanzamiento en forma de recta que el umpire canta bola, mientras que el narrador cubano grita “¡y lo ponchó…!”, pero se da cuenta de su error y enseguida rectifica.

¿Bola o strike? Las bromas y polémicas entre ambos amigos y de muchos venezolanos y cubanos, resultan lo mejor del juego, que termina 17 por 6 a favor de Cuba. Alguien después hace famosa la paradoja, con una ocurrente frase: “Fue un strike que cayó bola…”.

Al siguiente día —domingo—, por primera vez en su historia el programa radial Aló Presidente lo realizan dos mandatarios, quienes trenzan su carisma y ofrecen una gala fabulosa. Chávez dice:

Haberte visto, haber percibido tu nobleza, tu profundidad, pues uno cada día se va uniendo más en el alma y en el corazón. Como hermanos, como lo que somos, hemos estado compartiendo horas inolvidables para todos. Pero no se trata solo de la amistad. No. Mucho más allá de la amistad, de la empatía, del cariño, del afecto que es profundo y cada día lo será más, se trata de la visión geopolítica, de la integración de nuestros pueblos. Aportar, retomar el camino.

El campo de la batalla de Carabobo los incita a pasearse por la historia de ambos pueblos. también hablan del presente, Fidel ofrece sus impresiones de lo que ha visto en Venezuela, discuten sobre el strike que devino bola, dialogan con radioyentes de Venezuela y Cuba, y al final casi Chávez logra el imposible de hacer cantar al amigo…

El plato fuerte de la visita es la firma por ambos del Convenio Integral de Cooperación entre Cuba y Venezuela, el 30 de octubre, en el Salón Ayacucho del Palacio de Miraflores. una idea original de Chávez, incluido el nombre.

Apenas veinte días antes él nos ha adelantado su iniciativa: Venezuela venderá todo el petróleo que Cuba importa (106 mil b/d), en las mismas condiciones que el Acuerdo Energético, excepto que se le conceden dos años de gracia. Esto último lo decide porque a diferencia de los restantes diez países, en el caso de Cuba el convenio que imagina tiene una segunda parte: Venezuela será compensada (y beneficiada) con bienes y servicios que Cuba le suministre de su canasta de desarrollo en educación, salud, deporte, turismo, cultura, tecnología médica y azucarera, entre otros.

Al sentarse a conversar en Caracas, Fidel solo discrepa de Chávez —y este acepta— en una idea: Venezuela no debe por el momento suministrar a Cuba 106 mil b/d y le propone que sea la mitad, 53 mil b/d. Esto representa 31 % del consumo total cubano, mientras en el caso de los demás países, sumadas las cifras que reciben por el Acuerdo de San José y el de Caracas, alcanzan 54 % de su consumo.

Un mes después, Chávez despide al primer grupo de cincuenta pacientes venezolanos con sus acompañantes quienes viajan a Cuba a recibir atención médica gratuita. Y en diciembre se celebra en La Habana la primera reunión de la Comisión Mixta binacional, para acordar el plan de intercambio comercial y de colaboración para 2001. Comienza así un proceso de ensayo-error de la primera experiencia histórica de integración solidaria entre dos naciones de la región. Aunque todavía está limitada por las realidades políticas que vive Venezuela, en particular los escollos que crean infiltrados en su gobierno, como el general (E) Guaicaipuro Lameda, director de la Oficina del Presupuesto. Este reduce a la séptima parte el monto de lo acordado para ejecutar en 2001. Chávez logra sobreponerse en parte a tales ataduras burocráticas y utiliza recursos financieros adicionales gracias a su empeño por desarrollar la colaboración recíproca entre Cuba y Venezuela.

Fidel celebra sus setenta y cinco años en Venezuela

Fidel Castro y Hugo Chávez en Canaima.

Fidel Castro y Hugo Chávez en Canaima.
Fidel Castro y Hugo Chávez en Canaima.

Un íntimo deseo provoca que Chávez invite a Fidel para que celebre su cumpleaños en el estado de Bolívar, el 13 de agosto. ¿Quién es más feliz? Fidel dice que cumplir sus setenta y cinco años en la tierra de Bolívar “es como volver a nacer”. Y el barinés saborea este regalo al admirado amigo y también —confiesa entre sus íntimos— a los pueblos de Venezuela y Cuba.

El escenario natural, económico e histórico que selecciona no puede ser mejor. El estado de Bolívar pareciera creado por un soplo divino: paisajes cautivadores en la Gran Sabana y Roraima, donde sobresalen elevaciones tabulares llamadas tepuyes que semejan colosales esculturas, ríos cristalinos diversos, guacamayas y tucanes que colorean el aire, saltos de agua —entre ellos el más alto del planeta: El Ángel—, lagunas, comunidades indígenas, confluencia de los ríos Orinoco y Caroní —donde se juntan en continuo ritual el rojo y el negro—, tres hidroeléctricas gigantes derivadas del Caroní, recursos minerales variados —entre otros hierro, oro, bauxita y diamantes—, plantas industriales de acero y aluminio, puerto fluvial… un tesoro prodigioso, custodiado por una población concentrada en Ciudad Guayana y en Ciudad Bolívar (antigua Angostura), esta última de vetusta arquitectura y con famosos sitios históricos —como la casa San Isidro, donde viviera el Libertador y escribiera su mensaje al Congreso de Angostura en 1819—.

Él disfruta junto a Fidel estos escenarios, es especial la memorable casa, el inmueble de dos plantas donde se hiciera el evento constitucional y la hermosa plaza Bolívar, donde condecora a su invitado con la Orden Gran Collar de Angostura y este pronuncia un discurso inspirado en el Libertador y en Martí. Van al Parque Nacional Canaima y navegan en una curiara la laguna homónima; se dejan salpicar por espumosas aguas de la cascada y Fidel introduce el dedo para medir la temperatura, ante la sonrisa de asombro de su amigo que no ha podido responderle tal pregunta. Suscriben un anexo al Convenio de Cooperación y coinciden en que hay mucho por andar. Así, rodeados de selvas, ríos, tepuyes, historia bolivariana, humor, fábricas y gente por doquier transcurre el aniversario del parto en Birán. una espléndida jornada cultural venezolana-cubana de tres días es la guinda del pastel…

Días después, el 5 de septiembre, se reúne en Caracas la Comisión Mixta Interestatal del Convenio Integral de Cooperación. Al principio de su discurso, Chávez sorprende con una idea. Lee: “No se trata de un intercambio comercial basado en los precios, puesto que la ley del valor y las relaciones económicas internacionales fundamentadas en ella redundan en perjuicio de los países subdesarrollados”. Aclara: “Eso lo dijo el Che”. Y explica que la esencia de tal pensamiento inspira “este encuentro de hoy […] y este encuentro de siempre entre Cuba y Venezuela”.

Agrega que es menester construir un modelo alternativo de integración, “cuya vanguardia no sea el dólar, cuya vanguardia no sea el comercio. No, cuya vanguardia sea el alma y la voluntad. Como aquí lo estamos haciendo. Este es el camino. Yo creo que este es el modelo martiano-bolivariano, revolucionario”. Sigue: “Se trata de que nosotros estamos llamados a crear un modelo alternativo a la integración neoliberal con la que nos pretenden llevar a las pailas mismas del Quinto Infierno. Al Alca nos llaman”. Y antes de soltar la nueva idea, pregunta: “¿Por qué no comenzamos […] a construir una alternativa al Alca?, por si las moscas ¿no?”. Hasta que por fin lanza la audaz propuesta: “Y entonces es donde se me ha ocurrido que comencemos a hablar y a trabajar en la creación de esa alternativa que pudiéramos llamarla el Alba, Alternativa Bolivariana para las Américas, otro modelo de integración”. Ha sembrado la semilla.

Entre agosto y diciembre ejecuta varias acciones internacionales importantes. El 17 de agosto participa en la XV Cumbre del Grupo de Río, en Santiago de Chile, la cual acepta la propuesta suya sobre el carácter participativo que deben tener las democracias en la región. Sostiene que para derrotar la pobreza es necesario realizar revoluciones económicas, dejar a un lado el neoliberalismo y llenar de pueblo las democracias.

Permanece en Chile y visita la casa de Pablo Neruda en Isla Negra y la tumba donde reposan los restos del poeta que tanto admira, frente al mar Pacífico. Emocionado, mientras imagina al bardo bañado por la fresca brisa que ahora él también disfruta, recita un fragmento de Un canto a Bolívar, poema predilecto del barinés: Yo conocí a Bolívar una mañana larga en Madrid, en la boca del Quinto Regimiento y le dije: ‘eres tú, padre, o no eres o quién eres’, y él dijo mirando el cuartel de la montaña: ‘despierto cada 100 años cuando despierta el pueblo’.

Participa en la X Asamblea del Parlamento Amazónico, en Bogotá, el 25 de septiembre. RCN, consorcio mediático de la oligarquía colombiana, muestra un video donde se ve un supuesto guerrillero de las Farc, que está detrás de Chávez como uno de sus escoltas. Él desmiente tal montaje, que busca entorpecer los nexos en boga entre los dos países. una prueba más de que la política exterior venezolana marcha bien.

Es anfitrión en la Isla de Margarita de la III Cumbre de la Asociación de Estados del Caribe, los días 10 y 11 de diciembre. Reitera sus criterios sobre la integración y propugna acuerdos concretos, entre ellos un área de turismo sustentable y la incorporación de nuevos países al Acuerdo Energético de Caracas. A sabiendas de que el neoliberalismo aún es predominante, lanza una diatriba contraria al reino del mercado. Según los neoliberales “ese es el nuevo Dios”, capaz de arreglarlo todo. “Pues es el Diablo vestido de Dios, porque no es que lo arregla todo, lo daña todo, daña la economía, daña la sociedad, daña la política, daña la moral porque parte de un principio malévolo y salvaje que es el individualismo y el egoísmo”. Y, por consiguiente:

“Ese modelo neoliberal no puede ser la base ni el marco para nuestros modelos de integración”.

La economía no puede ir delante sino la política: “No es la economía la que nos va a integrar y menos nuestras economías llenas de debilidades, de vulnerabilidades”. Se impone de nuevo “que la política vuelva a la carga y que tome la vanguardia de los procesos de integración”. Es la idea y el proceder de Bolívar. “un pacto político es lo que se impone hoy como era lo que se imponía entonces, y una integración integral, a lo bolivariano”.

Afirma que el Alca no es el camino. “Queremos un modelo que nos integre de verdad. No un modelo que nos desintegre, que integre a unos a expensas de la desintegración de otros”. Y por tanto, “con mucha modestia y humildad” propone a los caribeños y a los latinoamericanos “que vayamos pensando de una buena vez en otra alternativa porque esa creemos que no es posible”. Y entonces anuncia por primera vez a un grupo de países su audaz propuesta: “Comenzar a discutir lo que pudiera llamarse el Alba, casi Alca pero con b, Alternativa Bolivariana para las Américas. un nuevo concepto de integración que no es nada nuevo, se trata de traer nuevamente un sueño que creemos posible, se trata de otro camino, se trata de una búsqueda, porque ciertamente la integración para nosotros es vital: O nos unimos o nos hundimos”.

Tales ideas son parte de la respuesta de Chávez a la arremetida creciente de los Estados unidos y la oligarquía venezolana, para destruir la Revolución Bolivariana./Cubadebate

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